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Calle Real, 37. En ese bajo de una casa antigua, en el tradicional ágora comercial y paseante de los coruñeses, se forjó, a inicios de la década de los años 20, una larga dedicación fotográfica, pionera en Galicia e ininterrumpida a lo largo del siglo. Un escaparate en el que raro era el coruñés que no se detenía a contemplar y comentar las últimas crónicas o instantáneas de la ciudad o de su vida social, mientras hacía su recorrido a lo largo del paseo ritual de los Cantones, la Calle Real, Riego de Agua... ¿Quién era la personalidad que estaba detrás de “Foto Blanco”, don Ángel Blanco Villar? Pues, como aquellos artistas anónimos del medievo, alguien que se sabía mantener en un plano discreto, para que fuesen otros los que alcanzasen el protagonismo en las imágenes: La persona que, si el lector repara atentamente, aparece, en la foto de la procesión de la Virgen de los Dolores, en 1933, cámara en mano, y con el lazarillo ayudante cargando la película. Alguien siempre en la brecha de la profesión fotográfica. De esa labor tan continuada surgió un impresionante archivo de más de siete millones de negativos, realizado por una pléyade de fotógrafos vinculados a lo largo de los años a distintos momentos de la empresa. De ese legado nace, como otras muchas publicaciones y exposiciones anteriores, este magnífico libro sobre la ciudad. Un documento imprescindible para todo el que, coruñés o no, quiera conocer a fondo la intrahistoria de la evolución de la ciudad a lo largo del siglo XX. Esta es, pues, la crónica visual e impresa de la evolución de La Coruña. Una crónica de un altísimo valor documental, testimonio ineludible del pasado y del presente, recorrido memorable por los acontecimientos y los ritmos de un tiempo histórico tan sumamente cambiante como ese “cambalache problemático y febril” que ha sido el pasado siglo, tal como nos ha enseñado el canónico tango. El lector tiene la ocasión de disfrutar de un documento de valor no sólo fotográfico, sino también histórico, social, arquitectónico, urbanístico, antropológico y cultural. Desde momentos de relieve histórico o marcada transcendencia social a una evocación atenta de la vida cotidiana, e incluso a la irrupción de lo anecdótico, sorpresivo o literario. En el mundo de la fotografía, siempre tienen un encanto ineludiblemente proustiano estas estampas de un tiempo ido en las que la retina y el corazón recobran la plenitud del tiempo irretornable no desde la sensación aromática de la magdalena del novelista, sino desde el sepia atabacado de las viejas imágenes fotográficas.
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