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Por eso hay también un aliento costumbrista consustancial a muchas de estas imágenes. La gente contemplando una corrida en la antigua Plaza de Toros desde la elevada terraza de su casa. Una riada de aficionados de los tiempos prehistóricos -si tomamos como referencia al Super-Dépor actual-, acudiendo por la Plaza de Pontevedra y la avenida de Rubine al Estadio, algunos en moto, con la novia a la grupa como en un film neorrealista italiano. El aura de película antigua de algún voyeur trajeado contemplando a los bañistas en la populosa playa de Riazor, o los tipos jóvenes con talante de galanes de un film de la época del twist o unos boleros del color del tiempo o de la saudade. Y esas Vespas y Lambrettas alineadas en el Cantón... O las casetas de baño y los recatados bañadores y volantes de las damas del antiguo Riazor... O una Palavea totalmente rural, con su lavadero, la bici -¡ah el “Ladrón de Bicicletas”!- apoyada frente a la puerta de casa, y las mujeres transportando el agua en la sella... ¡Pero si incluso hay, si se presta atención, un perro callejero despiojándose y otras muchas curiosidades y anécdotas cotidianas!... A veces, lo costumbrista y lo histórico se funden como en una vieja crónica sentimental, como en ese cartel que anuncia a Raquel Meller en el desaparecido teatro Linares Rivas, coincidiendo con la muchedumbre concentrada para un mítin, en las calendas republicanas del agitado 1934.
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